Cuando duele la ausencia

 In Apoyo en el dolor, Apoyo psicológico

Lo que debemos identificar para saber cuándo es conveniente buscar ayuda profesional tras un fallecimiento  

Si bien es cierto el duelo es un acontecimiento vital que supone desprenderse de algo o alguien significativo; lo cual desencadena una reacción psicológica natural a través de diferentes manifestaciones; físicas, mentales y emocionales dada primordialmente por la desaparición de un vínculo. Ese cambio abrupto de la realidad afectiva exige un tiempo y una actitud activa para reconstruirse y reinventarse, generar bienestar y poder sobre ponerse ante la situación actual.

Siendo el duelo un proceso natural, se cuenta con herramientas propias para afrontarlo y elaborarlo;  en la mayoría de los casos dada su condición individual  posee un ritmo y un estilo para cada persona  por lo cual no hay estrategias universales, pero si alternativas que ayudan a su resolución positiva.

En un periodo de transición inicial muchas de las manifestaciones son apenas naturales y hacen parte de las reacciones provocadas por el intenso dolor y la confusión propia de una noticia triste de difícil manejo por lo repentina, sorpresiva e irreversible.

Las mencionamos de manera general para su reconocimiento:

Físicas: Llanto descontrolado, opresión en el pecho, nudo en la garganta, dolor de cabeza, ojos y otras partes del cuerpo por la tensión muscular que genera el evento estresor.  Malestar, sensación de vacío generalizado, Insomnio, inapetencia.

Mentales: Desconsuelo, culpa, ansiedad, abatimiento, soledad, auto reproches, sentimientos de inseguridad generalizada, pensamientos recurrentes e irracionales. Disminución de procesos cognoscitivos tales como: concentración, atención, motivación, capacidad de análisis, memoria, confusión general, pérdida de noción de tiempo y realidad.

Emocionales: Enfado, ira,   frustración, dolor, sensación de abandono y desamparo, miedo irracional e inseguridad generalizada, temor al futuro.

Reacciones y sensaciones propias de las fases iniciales de shock y vacío insondable que sugiere la ausencia, las cuales pueden intensificarse a medida que pasan los días y se reconoce la situación como una condición irreversible en la que la vida nunca será igual. Luego a medida que se generan procesos de adaptación, aceptación y aprendizaje de un nueva realidad, van disminuyendo, se van elaborando, resignificando lo vivido, inicia una trasegar hacía elaboración y resolución positiva del duelo, desde una óptica de esperanza, de seguir adelante en memoria de quién se ama y ya no está físicamente y se reanuda el proyecto de vida de una manera sana y funcional.

Cuando en alguna fase del proceso, la persona niega, posterga o no realiza las tareas propias de afrontar, aceptar y readaptarse, puede estarse gestando un proceso de duelo no resuelto que puede derivar en un proceso de duelo congelado, complicado, crónico o patológico, que exige de manera inmediata e indiscutible la ayuda de profesionales expertos.

 

Estos son algunos signos de alerta que debe identificar; cuando usted o alguien que conoce esté presentando tras haber pasado algún tiempo luego de una situación de fallecimiento:

  • Personas sobrevivientes de suicidio, eventos trágicos o catastróficos, deben tener siempre atención por parte de un profesional.
  • Falsa euforia tras el suceso de pérdida.
  • Insomnio- cambios significativos en la higiene del sueño, con afectación del bienestar y la calidad de vida.
  • Evitación, no hablar o negar lo sucedido (pasados meses o años), no reconocer que algo o alguien no volverá y por ende la realidad se ha transformado.
  • Miedo incapacitante para reanudar el proyecto de vida.
  • Vacío, pérdida latente o herida abierta: Cuando la persona manifiesta que se siente ignorada y continúa con la sensación que no recibió soporte y ayuda durante la enfermedad y el fallecimiento por parte de familiares, amigos y profesionales; a pesar que sea evidente lo contrario.
  • Constantes cambios de humor épocas de euforia y momentos de aislamiento y apatía – irritabilidad constante y agresividad.
  • Indiferencia hacia las personas queridas, aislamiento social prolongado.
  • Reacciones emocionales desmedidas: Llanto recurrente, e incontrolable y sobresalto constante.
  • Tristeza y angustia vital
  • Mutismo, pasividad.
  • Cuando la persona que está en duelo sufre un trastorno de personalidad o larga historia de depresión subclínica.
  • Intentos de suicidio anteriores o ideaciones suicidas a partir del suceso.
  • Cambios en el estilo de vida, nada le satisface por más intentos nuevos que se hagan la persona termina aburriéndose, pérdida de noción de realidad.
  • Desgaste emocional evidente, la persona queda atrapada en el tiempo en un eterno estado de sufrimiento.
  • Cuando la persona en duelo parece que está evolucionando bien durante los primeros meses: recupera viejos intereses y pasatiempos, está rehaciendo su vida y de repente se retira y vuelve hacia atrás sin ninguna razón aparente.
  • Recurre de manera frecuente a consulta por asuntos triviales que no tienen una causa orgánica, ante la cual niega angustia mental o emocional.
  • Cuando hay sospecha de aumento en la ingesta de alcohol. Abuso de tranquilizantes o hipnóticos sin prescripción médica.
  • Imitación de la persona fallecida, proveniente de la necesidad de compensar la pérdida identificándose con el fallecido.
  • Aferrarse y conservar el ambiente cómo estaba cuando se produjo la pérdida, pasado un buen tiempo sugiere la posibilidad de un proceso de duelo no resuelto.
  • Experimentación de síntomas físicos como los que sufrió su familiar antes del fallecimiento.
  • Fobia relacionada con la muerte o con la enfermedad especifica que padeció el ser querido antes de morir.
  • Cuando la persona evita visitar el cementerio o participar de rituales y actividades para evitar evidenciar y afrontar la situación de fallecimiento.
  • Cuando la persona no cuenta con una red de apoyo primaria o un apoyo social durante el periodo de duelo es probable que se genere un duelo no resuelto.

Para población vulnerable: niños, adultos mayores, personas que presenciaron el hecho, discapacidad cognitiva o condiciones especiales de desarrollo y aprendizaje, lo indicado es recibir orientación acerca del manejo de la noticia y la evolución del proceso en adelante.

Ante la presencia de varios de estos factores de riesgo para un duelo complicado, siempre se debe sugerir y buscar ayuda de profesionales de la salud, psicólogos expertos en procesos de duelo, estrategias de afrontamiento y resiliencia.

Gloria Patricia Soto

Red de Vida – Gaviria

Fuentes:
*Gómez, M (2018). El Duelo y el Luto, México DF, México, Manual Moderno.
*Kübler, E. Sobre la muerte y los Moribundos, Penguin Random House, Grupo Editorial España.

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